16/9/10

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El depredador se reencuentra con la noche que le vio nacer. Retorna a la oscuridad, sometiendo a su cada vez más exhausta enfermedad, cuya rebeldía no es ya sino un murmullo apagado. El hambre guía sus sentidos, un apetito que va creciendo conforme quedan ante su vista perfiles de paseantes que no se percatan de la silueta que se desliza en las proximidades, que no llegan a darse cuenta del peligro que han corrido durante unos instantes, hasta que la criatura se aleja buscando víctimas más propicias para su primera caza.


~Fragmento del libro "La Puerta Oscura, Réquiem" De David Lozano Garvala.



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