
Estoy triste, no por amor, ya quisiera yo, sino porque odio las
separaciones, odio que lo que más quieres se te vaya. Pero, sin embargo, no es eso lo que me preocupa, sino el
distanciamiento que esto provoca. Lo vivimos a diario, casi sin darnos cuenta sufrimos esos cambios: separaciones y encuentros constantes; sorpresas e incertidumbres. Y no quiero eso, quiero una
estabilidad, quiero lo que tengo, o mejor dicho, lo que tenía.
Ya perdí a una, una de mis amigas porque se fue, se mudó, y maldita la hora en que no se lo impedí. Ahora, como es normal, tiene otras relaciones, pero para ella, nosotras, las que permanecimos aquí, inmóviles, ya no somos más que unas simples conocidas. Ya casi no hablamos, ya casi no nos vemos, ya casi no tenemos relación alguna, y pronto seremos simples recuerdos. Estoy mal, sí, porque no quiero que se repita la misma historia, otra vez no, no lo soportaría. Y es que hace relativamente poco tiempo otra de mis amigas nos dejó, se marchó a vivir a otra ciudad y, si, viene casi todos los meses, hablamos, nos contamos cosas, seguimos compartiendo nuestros momentos... Aparentemente todo sigue como antes pero estoy asustada, muy asustada. No quiero que pase lo mismo, ya he sufrido suficiente, ¿no?