Soy egoísta por querer a dos hombres a la vez.
Egoísta por querer los besos de uno; y las caricias del otro. Porque cuando uno no está, lo está el otro; y viceversa. Porque los amo a los dos con todo mi corazón y mi alma. Supongo que estoy en ese tipo de situaciones en las que no quieres sentirte sola, no más. Pero estoy actuando mal y sé que esto no es para siempre. Que todo se acaba, aunque yo no lo quiera. Que debo elegir a la persona que va a compartir conmigo su mortalidad.
Pero es que no me atrevo a elegir. Si elijo a uno, me quedaré sin las virtudes del otro y no me gusta la idea de separarme de algo que me gusta tanto y me hace tan feliz. Porque, y aunque suene tan egoísta por mi parte, no quiero separarme de ninguno, no quiero y tampoco deseo hacerme a la idea. Me encantaría vivir una vida con los dos, como hasta ahora, sin que nada cambiase: pero sé que eso es más que imposible.
Debo elegir, y más que un deber, es una obligación porque les estoy haciendo daño, a los dos. Cada instante, cada segundo que paso jugando con ellos, enredándome cada vez más en esta telaraña a tres cabos. Tampoco quiero eso, lo que menos quiero en esta vida es hacerles daño, no me lo perdonaría jamás. Pero sé que al final, un corazón va a quedar destrozado, roto, todo por mi culpa, por ser tan egocéntrica, y todo por no ser yo la que acabe destrozada.
Me odio.
¿Qué puedo hacer ahora,
con el corazón dividido en dos?