Hoy hace una semana que no estás entre nosotros; una semana extraña, vacía, sin ti.
Y es que a partir de ahora nada va a ser lo mismo.
Acabamos de pasar las primeras Navidades sin ti y ha sido una de las cosas más duras que la familia ha soportado. Y es que tu muerte se ha sentido, la hemos sentido todos. Ahora me siento otra persona y lloro, lloro porque ya no vas a estar aquí cuando vaya a casa o cuando pongamos el árbol en Navidades, tu época favorita del año pues según tú era cuando estábamos todos juntos, aunque eso no era del todo cierto, siempre faltaba gente. Y es que tu muerte ha servido para unir a los que estaban enfadados desde hacía mas de una década y lloro porque te has sido y siempre serás una de las personas que más ha influido en mi vida, aportándome tu sabiduría e inquietudes, ayudándome a ser quién soy... Pero ya no estás con nosotros.
Ahora estás muerto, y duele, duele reconocerlo porque aún no lo tenemos asumido. Estás muerto y sé que tu muerte no ha sido una muerte precisamente dulce. Has sufrido, sufrido porque no querías alejarte de nosotros, de tu familia. Sufrido por permanecer a nuestro lado. Y tu lucha ha durado setenta y siete años. Setenta y siete largos años llenos de penas y alegrías, sueños hechos realidad e injusticias. No has vivido en vano y cualquiera de tus seis hijos te lo podría decir. Tu muerte ha cambiado la vida de todos. Pero siempre vas a estar entre nosotros, ayudándonos en todo lo que puedas, como siempre, como si nada hubiese cambiado.
Siempre vas a estar en nuestro corazón.
Abuelo estés donde estés quiero que nos recuerdes y que pienses que la muerte no es el final sino el principio de otra nueva historia, la primera página en tu nueva novela.
26/12/10
17/12/10
< Ignorance - Paramore >
¿Recuerdas cuándo éramos niños y nada nos importaba?
¿Y cuándo volábamos libres, sin alas y escalábamos montañas de nubes sin importar lo grande que fuese la caída?
Y no habían grupos, ni diferencias; vivíamos juntos, felices, en paz, unidos.
Y teníamos millones de sueños, sueños que creíamos que se harían realidad.
Y cuando los números no importaban, ni la belleza, ni la razón, no importaba nada.
Éramos libres, éramos niños.
Yo quiero volver a ser pequeña, volver a sentir las cosas como las sentía antes; tan vívidas, tan mágicas.
Quiero tener el síndrome de Peter Pan y ser siempre una dulce e inocente niña que no sabía de problemas y que veía la vida tan diferente a como la veo ahora.
Siento envidia cada vez que veo a mi hermana pequeña. La veo tan graciosa, tan indefensa que me dan ganas de cambiarle la vida y poder volver, al menos por un día, a ser una adorable chica de ojos marrones, mirada penetrante y graciosos caracoles en la cabeza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


